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El escritor y maestro en Constelaciones familiares aborda temas como la muerte, la comunicación, el amor, la pareja…

Cuesta nombrar la palabra muerte con tranquilidad.

Es que la muerte no nos gusta mucho.

No nos gusta nada. No se aborda.

Y al mismo tiempo está omnipresente.

Claro.

Demasiadas personas se pierden en sus logros y en su personaje. Y es muy interesante saber perder ganándose a uno mismo. Porque vivir la vida es vivir muchas muertes. Como dirían los budistas, «el pasado es un cementerio, todo se ha ido muriendo».

Trallero, médico de enfermos terminales, dijo que «estamos muriendo mal. Nos forman para evitar la muerte…, ¡siendo inevitable que todos moriremos!».          

Vivimos en combustión. Todo está ardiendo. Quizá sea lo más apasionante de este viaje el sentir que somos limitados.

¿Qué concluir?      

Una de las cosas, que somos pequeños, somos humildes, por toda la grandiosidad que nos rodea.

La buena comunicación contigo y con un familiar te puede ayudar a ir en paz.

Decía Moisés Broggi, un médico que vivió 103 años, que vio morir a miles de personas en la Guerra Civil, decía: «Todavía no he visto morir a nadie infeliz». Se refería, sobre todo, a los últimos segundos. Cuando uno se desprende de todo.

Incluso del sufrimiento que ves en los demás.

Los apegos están muy presentes. También es necesario que le dejen irse, sentir la paz.

¿Cómo se consigue un ecosistema equilibrado en pareja?

Básicamente, dar lo que uno tiene con gusto y que el otro sea capaz de recibir sin quedar con una deuda impagable.

¿Compensando?

Evitar los juegos de poder. Cuando se dice, «mira cuánto te doy». En el fondo, se está produciendo una desconfianza. Te doy para tenerte.

¿Cuál sería la reacción del otro?

Se siente pequeño, mal y quiere alejarse. Es complicado esto porque no tenemos reglas claras. Pero la gratitud es un pago.

Depende del sentido.

Si son de verdad. A veces, una palmada en el hombre es dar mucho y, otras veces, es hacerse cargo del hijo de otra persona.

Es dar.

Y, a veces, es contener si el gesto va a empequeñecer a la otra persona.

¿Cómo por ejemplo?

En la ayuda social. ¿Desde dónde se da la ayuda? Si la ayuda permite al otro ganar poder o que impida que adquiera poder. ¿Enseñamos a pescar o damos pescado?

En Facebook te he leído publicar: «Si yo te miro a ti y veo que también eres yo, algo en lo esencial se calma».

Sí, sí, sí. Cuando se experimenta una hermandad esencial no hay lucha, no hay competencia. Lo que pasa es que esto muy difícil de entender para el yo personal, que quiere marcar diferencias.

¿Dónde se ve?

En sociedades primerias está más desarrollada. Si aquí estuviera más presente nos ahorraríamos mucha violencia.

Dígaselo a muchos aficionados de Madrid y Barça.

Tenemos fijaciones de grupo. Yo soy valenciano, soy de aquí, soy hombre. Pero luego hay una hermandad más espiritual.

Con más dosis de lo segundo el conflicto entre Cataluña y España se podría solucionar con inteligencia.

Yo creo que la política actual no tendrá solución hasta que haya sabiduría en el poder. Los políticos claramente tienen un guión de pertenencia a este partidos o al otro. Y esta línea crea modelos mentales muy limitados.

Y solo hay ojos para los que sienten como tú.

Desde las pasiones de tu grupo de pertenencia, desde el pensamiento de tu grupo de pertenencia. Así solo hay una torpeza enorme. Es triste.

Un show.

Yo escucho a los políticos y son como niños que siguen buscando el aplauso de su padre. Como no haya una convulsión… Somos víctimas de nuestras pasiones de pertenencia.

¿Cree en la bondad?

Bueno… Solo si uno se ha leído a Rousseau (risas). No, no. El corazón, en sí mismo, es bondadoso. La bondad es la materia prima.

Con tantas personas que te cruzas en cursos, ¿qué ve?

Si rascas un poco ves un corazón sensible. Pero también hay maldad. Por eso el viaje apasionante de la vida es volver a casa, volver a la esencia.

¿Qué importancia le da al humor inteligente?

Es una de los aspectos más interantes de la vida, incluso como ejercicio intelectual: los dobles sentidos, los triples, las asociaciones que causan hilaridad. Un autor decía que «aunque muchas cosas nos hagan reir, no necesariamente son alegres».

¿Ve límites?

Se puede dañar el ego, jugar a muchas cosas… Pero hay una frontera que hay que respetar siempre que es la dignidad del otro.

A estas alturas del partido, ¿cuál es el sentido de la vida?

Ir a lugares comunes. Que te importe la gente, servir agradecido, hacer algo que sea útil… Ah, y pasarlo bien.

Consciente.

Es un clásico lo que le atribuye a Lennon: «Es aquello que está ocurriendo mientras que te preguntas cuál es el sentido de la vida».

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